
Esta idea se consolidó con su pobre campaña del año 1972, en el que solo obtuvo una victoria por puntos, un empate, un triunfo por descalificación, dos derrotas por puntos y ningún nocaut. Luego permaneció inactivo hasta finales del año 1973 y daba la impresión de haber perdido algo de ese fuego sagrado que le animó en sus tempranas conquistas. El año 1974 le permitió volver a noquear aunque solo una vez, a un peleador de nombre Richard Dunn (ko4). Sumó solo 3 peleas ganadas (dos por puntos) y padeció dos duras derrotas ante Rocky Campbell (abandono 6) y ante Santiago Lovell (ko3).
El día de Reyes de 1975 recobró el título de campeón europeo, de manos de quien había sido su primer vencedor, el italiano Alfredo Vogrig. Lo hizo de manera fulminante con un ko y en una pelea realizada en la ciudad de Bilbao. En 1975 y 1976 desfiló ganando y perdiendo con enorme vergüenza deportiva por distintos escenarios españoles, sin la posibilidad de lograr sellar definitivamente su nombre como legítimo contendiente de rivales de primer nivel. El 12 de marzo de 1977 subió por última vez al ring para jugar su última chance por su antiguo cinturon continental. Fue en la ciudad de Amberes y ante el León de Flandes Jean-Pierre Coopman. Urtaín recibio el sexto nocaut de su historial, fracasó en el intento por recobrar sus pasados galardones y comenzó el largo camino de retroceso que finalizó cobrando el precio de su propia vida.
Vino desde ese ayer de dureza a cauterizar las heridas de un pueblo sangrante, dolido y resentido, que no le perdonó nunca el éxito y que tenía resuelto menoscabarlo hasta el olvido. La misma fuerza de desamparo nacional que impulsó su meteórico ascenso durante aquellos gloriosos días de 1968/1970, fue la que lo empujó a los 49 años, en su carrera mortal hacia el vacío, aquella noche calurosa del 22 de julio de 1992 cuando saltó desde el décimo piso de un edificio de la calle madrileña de Fernan Caballero. Su mítico recuerdo enlaza ahora un nódulo donde converge una multitud de sensaciones y pasiones encontradas.
El juguete roto
Aquel final trágico, apurado a instancias de toda la soledad y desolación que abrumaban al ídolo caído en las profundidades de si mismo con el olvido de España, sin siquiera el sostén de la paga de una mísera pensión oficial y con una orden de desalojo por alquiler impago, se ha convertido en el punto de partida para una profunda revisión del fenómeno deportivo y humano.
El día de Reyes de 1975 recobró el título de campeón europeo, de manos de quien había sido su primer vencedor, el italiano Alfredo Vogrig. Lo hizo de manera fulminante con un ko y en una pelea realizada en la ciudad de Bilbao. En 1975 y 1976 desfiló ganando y perdiendo con enorme vergüenza deportiva por distintos escenarios españoles, sin la posibilidad de lograr sellar definitivamente su nombre como legítimo contendiente de rivales de primer nivel. El 12 de marzo de 1977 subió por última vez al ring para jugar su última chance por su antiguo cinturon continental. Fue en la ciudad de Amberes y ante el León de Flandes Jean-Pierre Coopman. Urtaín recibio el sexto nocaut de su historial, fracasó en el intento por recobrar sus pasados galardones y comenzó el largo camino de retroceso que finalizó cobrando el precio de su propia vida.
Vino desde ese ayer de dureza a cauterizar las heridas de un pueblo sangrante, dolido y resentido, que no le perdonó nunca el éxito y que tenía resuelto menoscabarlo hasta el olvido. La misma fuerza de desamparo nacional que impulsó su meteórico ascenso durante aquellos gloriosos días de 1968/1970, fue la que lo empujó a los 49 años, en su carrera mortal hacia el vacío, aquella noche calurosa del 22 de julio de 1992 cuando saltó desde el décimo piso de un edificio de la calle madrileña de Fernan Caballero. Su mítico recuerdo enlaza ahora un nódulo donde converge una multitud de sensaciones y pasiones encontradas.
El juguete roto
Aquel final trágico, apurado a instancias de toda la soledad y desolación que abrumaban al ídolo caído en las profundidades de si mismo con el olvido de España, sin siquiera el sostén de la paga de una mísera pensión oficial y con una orden de desalojo por alquiler impago, se ha convertido en el punto de partida para una profunda revisión del fenómeno deportivo y humano.